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Empieza un reto

Deposición, cristalización o desublimación es el proceso termodinámico en el que un gas se transforma en sólido sin pasar por líquido – ¡Qué fuerte! ¿pero esto qué tiene que ver con nutrición? – La verdad es que nada. Aclaramos que este post no tiene nada que ver con nutrición, pero sí con deporte y con una idea en la que creemos: la idea de que empezar un reto te hace feliz. Wait! aclaramos, no hemos dicho “ponerte un reto te hace feliz”, no. La frase ha sido “empezar un reto te hace feliz“. Creer que es lo mismo, es una cagada y, además, te hace infeliz. – ¡Qué exagerao! – Bueno, a lo mejor un poco.

Mucha gente se pone un objetivo, se marca un plan o tiene una idea, un sueño, una ilusión… peeeeero, ahí se quedan, flotando en el aire, en estado gaseoso. No hablamos solo de nutrición y deporte. Muchas personas que están cansadas de su trabajo dicen: “a mí me encantaría estudiar blablabla”, pero ¿cuántas hacen el primer examen del primer cuatrimestre de primero de blablabla? No tantas. No tantas personas son capaces de cristalizar, de pasar de gas a sólido, de pasar del pensamiento a la acción, de empezar.

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Los que hemos sentido alguna vez la satisfacción que supone proponerse algo y luchar por ello cada día hasta conseguirlo; tenemos muchas veces la tentación de intentar convencer a otros para que hagan lo mismo y se superen, pero ¡atención! ¡en pie! ¡silencio! Acabamos de entrar en el mundo de las motivaciones internas. Y no hay nada más complejo que las motivaciones internas. Muchas personas intentan motivar a sus parejas, amigos o familiares para que hagan deporte o empiecen una dieta. Y lo hacen insistiéndoles, diciéndoles los motivos racionales de hacer ejercicio, la importancia de ordenarse, de aprender a comer lo que necesitas… pero no funciona ¿verdad? De hecho, muchas veces es contraproducente y genera incomprensión y mosqueos serios.

Efectivamente, el mundo de las motivaciones es como el de El Principito, solo cabe uno. Sólo cabes tú. Por eso, en el momento que te llegue la motivación por ti mismo, por el motivo que sea: te deja tu pareja, ves un vídeo de Gómez Noya, alguien que conoces enferma de gravedad o una mañana haciendo limpieza general encuentras una medalla que ganaste con 14 años. Entonces sí. ¡Dale! ¡Ya! ¡Ahora! Es el momento perfecto para NO marcarte ningún reto, no llames a ningún nutricionista, pasa de entrenadores, pulsómetros, aplicaciones, música, toalla… intenta no pensar, ponte una camiseta, un pantalón, unas zapatillas y empieza. Así, a lo loco, sin decir nada, sin explicar nada ¡ciao! Por la ciudad, el río, la playa, la huerta, el gimnasio… Te vistes y te vas ¡hasta luego!

No importa qué entreno hagas ese día, ni cómo, ni cuánto… porque habrás hecho lo más importante, habrás pasado de gas a sólido, habrás empezado tu reto y ahora sí, será más fácil pensar cuál es.

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